Isidoro Guidrobros

Vuelven los amigos del sur a protagonizar un enredo bravo. Orlando Oliverio Olivos sale apadrinando a un sobrino al que trata de darle un empujón comercial. Intenta casar a la encomienda de Wilde con copiosa dama, poseedora de un monte de olivos frondoso y dueña de una Laguna repleta de peces importantes. Solar apetecible.
Intentan cambiar la matriz productiva de la provincia de Buenos Aires. Pero los enredos terminan cuando un facultativo médico, sentencia: «Agenesia alveolar. Tetas ciegas. Faltan dos aceitunas» dijo el doctor, quien descubre de casualidad, una falla salvadora…
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